topbella

8 de mayo de 2011

Pinche amor… vales madre…



Pasa que un día te enamoras, no sabes ni porqué, ni cómo, ni cuándo, pero de pronto descubres que tienes los síntomas de aquello que los mundanos llaman “enamoramiento”: empiezas a pensar en él todo el tiempo, sientes cosquillitas en la panza (lo que tiene que ver con un proceso meramente químico y no mágico como sueles creer) tu corazón se acelera cuando lo ves, tu piel se eriza con su perfume y por alguna extraña razón se convierte en tu hombre ideal… (¬¬ ¡Genial!)…

Pasa que un día te pide que sean novios… y tú con tu respuesta de bien pinche inexperta emocionada… das paso a esa etapa de la vida que los mismos mundanos nombraron noviazgo. Y vas por la vida tomada de su mano y decorando el camino con la clásica sonrisita ilusa que te provoca estar a su lado… lo miras y sientes una especie de tranquilidad y confianza que te hacen creer que el mundo es perfecto. ¡¡Mentira!! Tu estado emocional que irónicamente inició en tu corteza cerebral no te deja ver que el mundo no ha cambiado… sigue igual de jodido…

Pasa que un día tu estado empeora y de pronto sientes que ya lo amas y como para ti el “Te amo” implica palabras mayores, pues ya definitivamente no te contamos. Y así bien pinche grave te empiezas a hacer ilusiones vagas sobre un posible futuro con él, tu corazón late rápidamente al escuchar tu tono mamón de mensaje o llamada porque existe un 99% de probabilidades de que sea él, tu hombre ideal, quien con el mismo porcentaje de probabilidad te escribe o te llama para recordarte que te quiere y que piensa en ti…

Tu familia se da cuenta del estado crónico en el que vives… no hay conversación en la que su nombre no se haga presente… a todas horas… en cualquier oportunidad que tengas para vomitar palabras siempre tiene que estar su nombre compuesto por seis letras… y así bien pinche ingenua le das el calificativo de “perfecto” o “genial” a su persona. Para ti no hay nadie más que él… y así sin condición alguna le entregas todo de ti; tu amor, tu confianza, tu vida, tu alma…

Comienzas a creer que son la pareja ideal, que lo que siente el uno por el otro puede superar las dificultades de la distancia, el dolor de la ausencia o la nostalgia de las vivencias. Y te encierras en tu mundo perfecto que vive del esfuerzo de querer estar mejor, de las ganas de hacerlo feliz y del deseo de compartir con él eso que eres tú…

Pero pasa que un día tu hombre perfecto te rompe el corazón y desde ahí valiste madre. Fuiste testigo de la muerte de tus sueños… y del dolor que lentamente invadió tu corazón. Derramaste algunas lágrimas… ¿Algunas? Si eran ríos y mares que inundaban tu cama. Pero en parte era normal, nadie nos enseña como amar y aún no inventaban las vacunas contra ese mal... Él era el dueño de tus expectativas… el de los besos fugaces y eternos, el de las palabras dulces, el de la sonrisa perfecta… el de la mirada sincera… y el del amor por siempre…

Pasa que por eso te sumerges en un caos emocional y te comienzan a invadir los celos, las dudas, el rencor, el odio… el dolor. Y te conformas con migajas de amor, con besos a medias, con miradas efímeras y palabras poco sinceras… y te vuelves rehén del miedo que la decepción provocó. Y tu vida empieza a transcurrir entre puntos medios, entre la ilusión y la determinación, entre la confianza y la duda, entre la estabilidad y el caos, entre la decisión y la confusión… sigues, te detienes… crees, dudas… sientes, evades… juzgas, perdonas… te alejas… te acercas… vives… mueres.

Y de lo único que estás segura es que te sientes demasiado estúpida ante eso, demasiado débil como para enfrentarlo, y demasiado frágil como para perderlo. Y es que tú así eres; cobarde… Y es comprensible, en parte… pues pusiste mucho de ti… y en todo ese tiempo no hiciste más que querer así… calma no te sientas culpable… las cosas pasan y tienes que seguir…

Pasa que una noche no puedes dormir y estás tirada en tu cama recordando lo que han sido estos años, dibujando besos, leyendo cartas… escribiendo sueños… escuchando promesas lejanas… y te das cuenta de lo mucho que has cambiado tú y de lo más que ha cambiado él… sabes que ya no es la persona perfecta, que sus acciones te han herido… que sus palabras te han abatido… pero también haces un balance de tus aciertos y de tus errores, de tus sonrisas y tus dolores… de tus razones y de tus rencores… y te sientes insegura, incrédula ante el futuro…

Y pasa que ya son las cuatro de la mañana y en lugar de dormir te preocupas por sentirte tan insegura… sólo sabes que quieres dejar todo atrás, pero no puedes, hay algo que aún te mantiene aquí… y ese algo tiene que ver con lo que lo que decían esos mundanos… y es claro… porque en el fondo lo sigues amando…

¡Ahhhh! estúpido amor… te odio… ¿ves por qué vales madre?…

2 comentarios:

enecar4 dijo...

Jajajaja haces mas feo que yo cuando vomito, pero en cierta forma tienes razon, en lo que si no estoy de acuerdo es que todo tenga ser como dicen los mundanos xD (putos) ah, osea en el sentido de que no todo lleva una secuencia, podemos romper esos esquemas y resolver paradigmas juntos, ya no pretendo que sientas algo a traves de mis palabras, pero no logro la manera mas exacta para que veas que lo que siento por ti es mas grande que el mar que tu mencionas, tratare de no hablar en futuro me concentrare mas en el presente, que cada dia sea un comienzo para los dos, Te quiere ingenuamente Carlos y un buen (tambien ingenuamente) me gusta leer lo que escribes, pero tambien asi como tu exiges, exijo que lo platiques ( y no te pongas brava por lo anterior)

Jeka dijo...

Es que nunca podemos hablar bien sobre eso... no sé por qué. Hemos estado sin arreglar las cosas por mucho tiempo y eso no es bueno... sólo habla de la mala comunicación que hay entre los dos U_u.
Y lo siento, si hago feo cómo dices... pero es lo que me pasa.
Ah! y creo que no lo entendiste del todo u_u... ni siquiera estoy exigiendo nada.


En fin, sólo sé que te quiero.

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