
La tranquilidad manejaba todo. Y ahí estaba... sentada y sin vida, leía sin entender nada, sólo eran palabras sin sentido... Así había sido desde hace mucho. La escuela era el único lugar donde guardaba mi tristeza, podía fingir fácilmente que estudiaba, que aprendía y me gustaba. Era el lugar perfecto para esconder mis miedos, entraba, salía, escribía… todo como siempre, sin una gota de sentido.
Y brotó una lágrima, fría, solitaria, amarga… no tenía razón alguna para llorar, pero sólo era el engaño, una simple negación de la realidad.

