Hay promesas que se olvidan y otras más que sí se cumplen. Y sinceramente nunca creí que cumpliría la suya, pero lo hizo… vino a verme. Fue genial platicar con él bajo las estrellas escuchando el sonido de las olas. Acepto que no le puse mucha atención a sus palabras, era mucho mejor observar las expresiones de su cara, podía perderme en sus ojos intentándole decir que se quedara… me encanta como habla, ese gestito que me hace pedirle que nunca detenga sus palabras. Creo que es por eso que pocas veces soy yo la que acepta tener algo que contar.
Pero todo cambia cuando la menciona, hay veces que sus palabras hieren tanto que mi silencio le pide que se calle… ella es su novia ¿y yo? Yo sé que me quiere, sé que lo amo… pero no sé exactamente que represento en su vida… no somos más que encuentros casuales, encuentros extraños y ocultos.
Hay tantas cosas que odio de él que no sé si son menos de las que amo. Amo su sonrisa, sus historias que fácilmente creo, sus bromas, su cabello, su mirada y es que a veces es tan genial, pero otras tan… que he cambiado la forma de expresar lo que siento por él… ojalá pudiera entender mi silencio, mis detalles, mi mirada… quisiera que se decidiera por mí, poder perderle el miedo a esta situación y decirle que soy yo la que siempre piensa en él… ¿pero para qué? Tal vez todo siga igual o como dice él quizás sólo sea una obsesión más.
No lo sé y tampoco quiero saberlo. Pero, viajar tantas horas para venir a verme es lo mejor que alguien ha hecho por mí, momentos que no olvidaré mientras espero volverlo a ver.


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