Nunca he hecho aquel ritual de atragantarse con uvas
mientras se pide un deseo en el momento exacto en el que inicia un nuevo año,
de hecho creo que ni siquiera me he propuesto cumplir algo en esas fechas. De unos
años para acá, esos festejos se me hacían tan indiferentes que me daba igual el
brindis, la cena, los abrazos, las fotos, los días, los meses, los años y el
tiempo en sí.
Pero hoy, leyendo algunos mensajes de año nuevo, me puse a
pensar en mí… en mi ordinaria vida. Y lo que había pasado en este último año…
quería pensar en un periodo más largo de tiempo… pero fue como si ese fragmento
de mi vida ya no existiera en mi memoria. Algo me pasa con el tiempo y con mis
recuerdos...
Pero lo importante no fue eso sino darme cuenta de lo
insípidos que han sido mis días, días tan pinches vacíos… tan pinches sin
sentido. No sé exactamente en qué momento me empecé a sentir así… tampoco lo
recuerdo. Sólo tengo grabados fragmentos de deseos, metas y objetivos que en
algún momento planeé para mi vida, no sé si son recientes o los pensé cuando
era niña.
Y es ahora cuando me doy cuenta que no soy nada de lo que yo
quería ser, de lo que yo quería para mí. Creo que he estado sumergida en una
especie de depresión, de frustración… de tristeza y me he acostumbrado tanto a
ella que difícilmente puedo percibir que esto para mí ya es un problema.
Sin embargo, hay algo rescatable en todo eso… al menos sé
que ya no quiero seguir así. Por eso he decidido hacer un balance de los recuerdos
de este año… de los momentos que por alguna razón aún no olvido. Para empezar,
fue mi último año en Huatulco, lugar en donde viví mientras estuve estudiando.
Huatulco es un lugar mágico, especial, lleno de cosas tan sorprendentes como el
mar… recuerdo su cielo azul por las mañanas, sus nubes violetas por las tardes
y sus estrellas fugaces por las noches.
Recuerdo la azotea del lugar donde vivía, era mi escondite,
el mejor lugar para pensar, para observar, para estudiar, para llorar… para
soñar. Fue lindo vivir ahí. Recuerdo a mis amigos de la universidad, fue un
semestre con varias fiestas… fue mi último semestre, pero mis primeras
borracheras. Me da risa recordarlo, fueron geniales… divertidas… muy
divertidas, excepto por la resaca del otro día.
Recuerdo una visita inesperada al inicio del año. Hacía mucho
tiempo que mi novio no me visitaba. Siempre era yo la que viajaba para vernos y
por primera vez, ahora que teníamos “algo formal” llegó a casa. Fue un bonito
fin de semana… ojalá el año no se hubiera llevado esas emociones.
También recuerdo que este año no tuve un pastel el día de mi
cumpleaños. Siempre me han gustado esos festejos y en mi casa mi papá siempre
me compraba un pastel para celebrarlo. Este año no fue así. Extrañamente no
tengo algún recuerdo de las vacaciones, o de alguna salida con mis padres. Pero
recuerdo el cumpleaños de mi hermanito, de mi otro hermanito, de mi abuela y de
mi madre. Recuerdo mi fiesta de graduación… qué horrible fue. Pero sólo la
fiesta, la compañía fue de lo mejor… toda mi familia estaba ahí.
No recuerdo nada de la escuela o de lo que aprendí. Esos últimos
meses sólo fui por obligación. Después de cinco años con las mismas personas,
los mismos maestros, las mismas situaciones, hasta la misma comida sólo
alimentaron mis ganas de escapar. Al menos ya terminé la universidad.
Regresé a casa y en un principio fue genial. Pero con el
transcurso de los días, me di cuenta de lo mucho que había cambiado mi hogar. Fue
un año de idas al hospital, de más de una pelea, de más de un regaño, de
carencias, de enojos… de cosas que quizás nunca pensé que me iban a pasar. Y a ello
se unió mi falta de empleo, mi falta de seguridad, mis frustraciones y una
indiferencia hacia los demás.
Fue un año triste para el amor. Un año de decepciones, de
engaños, de mentiras. Dejé de amar. Me di cuenta de lo mucho que duele la
infidelidad. Me quedé con un corazón roto, pisoteado y engañado. Fue un año de
lágrimas. Pero también aprendí. Aprendí a que no se debe querer a quien te
lastima, a que uno no se puede aferrar a una persona o a un sentimiento, sólo
porque fue lo mejor que me pasó en algún momento de mi vida.
No recuerdo nada más. Creo que no fueron buenos días. No fue
un buen año. Qué bueno que termina. Y es por eso que tomo de pretexto este día para empezar a
cambiar. Hace tiempo que no me planteo cosas y quizás sea hora para empezar a
planear.
En este año cumplo 24 y aunque soy joven no me siento con
vida. Quiero recuperar aquellos años de felicidad. Quiero sonreír, tener
esperanzas, quiero hacer lo mejor de mí. Quiero trabajar, quiero viajar, quiero
ser libre… libre de mis miedos, de mis frustraciones, de mis errores… de mis
tristezas. Quiero encontrarme con aquella chica que se quería comer el mundo,
que quería sentirse plena y feliz.
Es difícil comenzar de nuevo, pero dicen que nunca es tarde.
Aprovecharé el tiempo que me queda de vida para eso… haré todo lo que quise
hacer y que nunca me atreví.
Le echaré ganas a mi tesis… me titularé. Buscaré un trabajo,
empezaré a ahorrar para cuando por fin pueda irme de viaje… volveré a
interesarme por los idiomas, por mi carrera… volveré a pintar, cuidaré de mi
salud, haré ejercicio, comeré sanamente… dejaré de morderme las uñas. Apoyaré a
mis padres, cuidaré de mis hermanos… ayudaré a mis amigos y a la gente.
Prometo no llorar más por aquellos amores del pasado… pensaré en
mí y en lo que quiero ser. Porque quiero llegar a vieja con la satisfacción de
haber sido muy feliz y no con la carga de unos años llenos de tristezas. Ahora
soy yo frente al mundo y creo que mi mundo se merece a alguien mejor. Quiero un
año lleno de sorpresas, de alegrías, de satisfacciones, quiero ser positiva, fuerte,
quiero sentirme capaz de hacer las cosas… sentirme segura, recuperar mi confianza…
sentirme linda … amarme… amar… y ser amada.
Quiero muchas cosas para éste y muchos años… sólo espero no
morir antes de lograrlo.

