topbella

17 de octubre de 2008

Y si no hay queso para mis macarrones ¡que más da! siguen siendo deliciosos

Creo que nunca había llorado tanto con un amigo. Es increíble lo que la playa, la luna y el alcohol pueden hacer.

A pesar que no fuimos todos, estuvo súper chido. Me di cuenta de lo sensible que te pone el alcohol y eso que sólo me tomé dos de esos cositos que preparó Monse. Todos tenían algo que contar, consejos que pedir, razones que escuchar… alguien por quien llorar, y en un ratito ya estábamos vomitando emociones (como dice Matus).


Fue una noche súper loca en la que sentí que eran mis amigos de toda la vida, como esas en las que descubres lo geniales que son y en lo mal que estabas cuando los juzgaste sin conocerlos realmente.
Y después de ver estrellas fugaces, llegamos a la misma y eterna conclusión: a veces sufrimos por cosas sin sentido, asu! Pero como nos gusta y ahí estamos llorando como pendejos, pero que chido ¿no? Es bueno sentir tantas cosas y no es que esté a favor del sufrimiento sino que son estos detalles de la vida los que nos hacen descubrir la verdadera felicidad…


En fin, ahora no aguanto mis ojos, y es que terminamos cantando con el karaoke de una amiga poco después de las cinco de la mañana y a las ocho ya teníamos clases.


Volvimos a la misma rutina pero ahora con un corazón desahogado…

15 de octubre de 2008

Como si de nuevo fuera el queso de mis macarrones... con queso

Llegué hace casi dos semanas después de tres meses de ayudar a mamá, ver tele, dormir, engendrar un bebé de comida, cuidar a mi hermanito, ver a los amigos, en fin… muchas cosas.
Arreglé mi cuarto, desempaqué mi ropa, acomodé algunos libros y leí por milésima vez su carta...


El primer día de clases no tuvo nada especial. Cada semestre tengo menos compañeros en mi salón, pero sinceramente no siento su ausencia. Irving se cambió de carrera, (ahora se cree mucho porque será economista, jojo) y realmente me alegro por él. No lo extraño del todo, aún almorzamos o comemos juntos y seguimos diciendo las mismas tonterías.


Ese día llegué temprano a casa con un chorro de copias para leer. Me quité los zapatos, me acosté en mi cama y chequé mi celular, era lo primero que hacía cuando llegaba de la escuela, sólo que esta vez no había mensajes por responder...


Esperé a que me hablara, aunque no hubiera razón para que lo hiciera. Extrañé sus llamadas, esas llamadas a las doce de la noche que duraban horas y que a nosotros no se nos hacían largas, aquellas en las que podíamos no decir nada, pero sí sentir mucho.


Así se fue una semana… y me resigné a que nunca más llamaría...


El lunes llegué muy tarde y siguiendo la misma rutina esperaba el mismo resultado. Estaba tan cansada que ni siquiera recuerdo cómo fue que me quedé dormida... hasta que mi cel sonó. ¡Eran las dos de la mañana! Y lo mejor de todo: era él…


Volví a sentir que se me salían las tripas; esa sensación tan chida que te hace sentir vivo, que te hace olvidar todo y a la vez recordar tanto…


No hablamos mucho, pero fue genial; fue como regresar unos meses y no preferir dormir por preferir soñar. Sólo quería que no colgara, sólo quería que siguiera ahí aunque no dijera nada…


Sentí que despúes de todo no sería tan diferente... pero sólo fue una llamada.

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