A pesar que no fuimos todos, estuvo súper chido. Me di cuenta de lo sensible que te pone el alcohol y eso que sólo me tomé dos de esos cositos que preparó Monse. Todos tenían algo que contar, consejos que pedir, razones que escuchar… alguien por quien llorar, y en un ratito ya estábamos vomitando emociones (como dice Matus).
Fue una noche súper loca en la que sentí que eran mis amigos de toda la vida, como esas en las que descubres lo geniales que son y en lo mal que estabas cuando los juzgaste sin conocerlos realmente.

Y después de ver estrellas fugaces, llegamos a la misma y eterna conclusión: a veces sufrimos por cosas sin sentido, asu! Pero como nos gusta y ahí estamos llorando como pendejos, pero que chido ¿no? Es bueno sentir tantas cosas y no es que esté a favor del sufrimiento sino que son estos detalles de la vida los que nos hacen descubrir la verdadera felicidad…
En fin, ahora no aguanto mis ojos, y es que terminamos cantando con el karaoke de una amiga poco después de las cinco de la mañana y a las ocho ya teníamos clases.
Volvimos a la misma rutina pero ahora con un corazón desahogado…


